Primero, agradecida Asturias, permite una gran vuelta hacia atrás. Segundo, qué gran Alfredo Landa, qué bonita imagen en la última conversación con la dueña del bar. Tercero, preciosa la mirada de Garci a la venganza.

Garci logra demostrar como la venganza es lo que ahora llamamos justicia. O mejor dicho, la justicia es el camino que ahora le damos a la venganza. No sé si lo quería o alguna vez lo pretendió pero me ha convencido de que además de necesaria, la venganza es buena. Dos personajes, Urbano y Don Juaco. Urbano es joven, calculador, medido, oportuno. Don Juaco encarna la vejez, apasionado, un ejecutador. Los dos se unen y llevan a cabo la inevitable venganza. Uno pone el tiempo, el momento. El otro es el sujeto, el cómo y el dónde. Ella no es la deshonrada sino la víctima como bien matiza Urbano.

Una buena película que pierde en la inocencia excesivamente pronunciada de la pareja de Estrella y Urbano, casi insoportable en la escena premonitoria de la playa, donde Urbano habla de la luz de domingo. Es entonces cuando ella le pregunta qué ocurre si un domingo el cielo está nublado. Él le responde, que aunque no se vea, el sol sigue ahí, alumbrando. Así será Urbano en la vida de Estrella tras un domingo oscuro.

Recomiendo esta película porque permite que entres en su desgracia. Por supuesto se encontrarán con los excelentes actores secundarios de Garci, la vida de pueblo y un Alfredo Landa que cada vez me gusta más. Mencionar también un Carlos Larrañaga muy adecuado a su papel, logra ser Atila y alcalde.
Una frase memorable: "El Guadalquivir, que nace en la Sierra y desemboca en América".

(Bea, ¿qué te parece? Venga, que has prometido escribir, jeje.)